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THE POSTAL SERVICE “Give Up”
(Sub Pop - Houston Party Records, 2003)

The Postal Service es el hijo de dos grandes talentos del pop contemporáneo. Jimmy Tamborello, primera pieza del puzzle, es el responsable de grupos como Figurine y Dntel mientras el otro 50%, Benjamin Gibbard, se sabe alma máter de una de las bandas de pop más emotivas de los últimos años, Death Cab For Cutie (DCFC).

Juntos han creado Give Up, bajo un aparentemente poco infalible método que consistía en el envío postal (de ahí el nombre) de CD-R con las bases y melodías vocales pero que, sin embargo, ha resultado más que satisfactorio a la hora de gestar las diez canciones del disco.

La simbiosis existente entre ambos resulta abrumadora. Por un lado, la voz del cantante suena tan desnuda como lo hiciera en DCFC, para ganar en intensidad, si cabe, con las bases de su amigo Tamborello. Por otro, la fría maquinaria que maneja el cerebro de Dntel, muy sabiamente, se derrite con cada golpe de voz de Gibbard para hacer gala de una dulzura y un entusiasmo indescriptibles.

La mencionada pareja se deja acompañar, a su vez, por Christopher Walla, compañero de Gibbard en DCFC, y por la bellísima voz de una Jen Wood a quien ya habíamos visto antes en el primer disco de The Black Heart Procession (de nombre: 1) y el This Is the Way It Goes And Goes And Goes de Juno.

El disco que nos ocupa es irresistible, apasionantemente dulce y luminoso. El primero de sus brillantes destellos, The District Sleeps Alone Tonight, crece poco a poco para convertirse, no sólo en un tema conmovedoramente delicado, sino también en una especie de droga ferozmente adictiva. Y como él, tantos otros: Such Great Heights, We Will Become Silhouettes, Brand New Colony o Nothing Better son sólo algunos ejemplos de la elegante fragilidad de este dúo que, con sus brillantes melodías y su sentimental poesía, presenta el que es desde ya uno de los discos del año.

   

Ladytron - Light & Magic

 

 

 

LADYTRON “Light & Magic”
(Telstar - Dro East West, 2003)

Ladytron atacan de nuevo. Dos años después de la edición de su primer álbum, el aclamado 604, presentan el segundo episodio de su aún breve, pero intensa, historia: Light & Magic.

En esta ocasión, el cuarteto prescinde, en cierto modo, de ese toque naïf y desenfadado de 604, para sumergirse en el proceso de creación, grabación y, sobre todo, producción del álbum que ahora presentan. En este presumible mayor influjo de los arreglos, que sin embargo no resultan superproducidos, se encuentra la clave que supone la madurez de Ladytron respecto a su anterior disco. Pierden en ingenuidad, pero consiguen mantener su innata naturalidad y una simulada espontaneidad que enriquecen a un álbum que crece en cada escucha.

Permanecen con respecto a su predecesor, sin embargo, los guiños electrónicos de sus composiciones, quasi siderales y profundamente cibernéticas. Nos presentan asimismo toda esa amplia colección de posibles influencias que el grupo, en ningún momento, ha tratado de esconder. Imborrables referencias sonoras a bandas de ayer y hoy como son Kraftwerk, The Normal, New Order, Broadcast, Add N To (X)...

Estos cuatro androides de peinados perfectamente estructurados siguen siendo difícilmente encasillables en alguno de los géneros conocidos. Las eróticas y sugerentes voces de Helen y Mira se funden con el electroclash (Fischerspooner, Miss Kittin), del que suprimen el toque guarro y punk, combinando éste con la llamada indietrónica (mùm, Lali Puna), mucho más elegante y sofisticada. Sin inventar absolutamente nada, son, no sólo el grupo más fashion de la escena musical actual, sino casi un grupo de culto.

   

Early Day Miners - Let Us Garlands Bring

 

 

 

 

 

 

 

EARLY DAY MINERS "Let Us Garlands Bring"
(Secretly Canadian-Green Ufos, 2002)

La banda de Bloomington, Indiana nos presenta lo que es su segundo disco tras el minimalista y depresivo "Placer Found" (Western Vinyl, 2001) (sin contar "Stateless" (Great Vitamin, 2002), álbum grabado junto a los miembros de Unwed Sailor mientras visionaban un film de 30 minutos del director Chris Bennett) .
Desde su LP de debut ha pasado tan solo un año, pero son muchos los cambios que se aprecian con respecto a él. "Placer Found" era un disco amable, que no quería hacer ruido, intentaba no molestar y de ese modo pasar desapercibido por el oyente. Compuesto por un conjunto de canciones que el grupo desnudó y ralentizó hasta conseguir que no hubiera una sola nota que desconcertara. Lo que en un principio se podía considerar una sana intención acabó convirtiendolo en un disco que, tras varias escuchas, no incitaba a ser reproducido de nuevo.

Después de esto, Early Day Miners quedaron englobados en la larga lista de grupos del montón dentro de la etiqueta del slowcore, pero con un golpe de efecto magistral, el grupo de Daniel Burton y Rory Leitch nos deja boquiabiertos cuando menos lo esperabamos y, consigue ponerse a la cabeza de esa etiqueta.

"Let Us Garlands Bring" ha sido concebido con la misma intención que su predecesor, pero, el resultado es completamente distinto. Si miramos las portadas de los dos discos, la del primero en blanco y negro y la del segundo en color, encontramos la respuesta a tan sorprendente avance en el sonido del grupo, mientras en "Placer Found" interpretaban las canciones con una cantidad de colores limitada, en el disco que nos ocupa, la amplia paleta con la que pintan disco hace que los matices se le salgan por los costados.

Toda esta nueva gama de colores descubierta por el grupo incluye celos y violines que crean arreglos donde antes solo había silencio, acompañados por un Daniel Burton que, esta vez, consigue transmitir con su voz. Con estos ingredientes crean un disco que nos hace pasar de la calma previa a una tormenta a la furia de la misma, transitando por la angustia que supone el ver acercarse a las oscuras nubes que la auguran.

Este grupo se convierte desde ya en un grande entre esos grupos que realmente consiguen transmitir sensaciones y, nos dejan ansiosos de una nueva descarga de esa melancolía furiosa que tan bien nos han comunicado "Let Us Garlands Bring".
   

 

 

 

 

 

 

ERLEND ØYE - UNREST
(Astralweerks, 2003)

Hasta que este disco ha llegado a nuestras manos conocíamos a Erlend Øye por ser el cincuenta por ciento del grupo noruego The Kings Of Convenience, por su aportación de una canción a "Total Lee" (un disco de tributo a Lee Hazlewood) y por haber puesto voz a una canción del duo Röyksopp.

Con estas referencias esperabamos encontrarnos en "Unrest" unas canciones cercanas estilisticamente a Nick Drake, y, después de escuchar el disco, podemos decir que andabamos muy mal encaminados. Nos encontramos a un Erlend Øye más próximo al sonido de Pet Shop Boys o Depeche Mode que al de The Kings Of Convenience.

Parece ser que Øye, que siempre había soñado con salir de gira, estaba descontento (de ahí el título del disco "Unrest") por la frustración que le producía la aversión a viajar de su compañero en The Kings of Convenience, Erik Glambek Bøe.

Durante un festival de música electrónica en Finlandia, a Erlend se le encendió una bombilla. Podía colaborar con algunos de los artistas que participaban en el festival para realizar un disco, él se desplazaría por las ciudades de los distintos artistas, y influenciado por la atmosfera de cada una de estas urbes grabaría un tema junto a ellos. Esta idea le ha llevado a Berlin, Barcelona, Rennes, Roma, Shelton , Nueva York, Uddevalla, Bergen, Helsinky y Turku. Así se fue encontrando con Björn Torske, OP:L Bastards, Jolly Music, Kompis, Prefuse 73, Soviet, Morgan Geist, Schneider TM, Mr. Velcro Fastener y Minniza.

Este proceso que, podía haber dado un disco con canciones muy diversas, ha fructificado sin embargo en un bloque de temas muy homogeneos en su sonido pero que, eso sí, no aportan nada nuevo y, lo que es peor, no emocionan como lo hacen The Kings of Convenience.

En definitiva, que a este noruego le sientan mejor las guitarras acústicas (aunque su trabajo con Röyksopp nos indique lo contrario) que los sintetizadores. Esperamos que sus ganas de viajar se hayan visto saciadas y pronto nos sorprenda con nuevos temas junto a la otra mitad de su grupo.

   


Sleater Kinney - One Beat

SLEATER-KINNEY - ONE BEAT
(Kill Rock Stars - Green Ufos, 2002)

Sleater-Kinney se reafirman en éste, su sexto y último álbum tras una prolífica carrera cargada de LPs, 7’’, EPs..., sobre esas trazas de grupo riot-grrrl que ya les sirven de identidad. Sin embargo, bajo esa cortina de influencias grunge, punk, garage, que las emparienta directamente con bandas como las veneradas Bikini Kill, Bratmobile o 7 Year Bitch, el trío de Portland-Olympia demuestra dominar a la perfección el pop, del que impregnan todas sus composiciones.

Precisamente cuando combinan esos juegos vocales y los más que destacables coros, con los ritmos repetitivos y veloces de su batería y unas sucias guitarras, logran alcanzar los momentos álgidos de One Beat. Esta ecuación, que fusiona adrenalina con buen hacer, da resultados tan favorables como Oh!, todo un himno, Far Away, Sympathy o Combat Rock , buena muestra de la capacidad compositiva de estas chicas.

Pero la suya no es tarea fácil. Para ello, Sleater-Kinney beben de fuentes tan diversas que se sitúan, a medio camino, entre una Patti Smith menos sexual y desquiciada (Step Aside), los Pixies menos salvajes (The Remainder, Hollywood Ending) y unas Elastica mucho mejor dotadas (Funeral Song).

Ni la madurez espiritual ni su evolución personal (una incluso se ha dedicado a la maternidad en este tiempo) han interferido en la forma que Sleater-Kinney tienen de concebir la música. One Beat es el disco más rabioso del pasado año 2002. En él parecen descargar toda la furia contenida en los últimos años para hacernos ver que siguen tan cabreadas como siempre estuvieron. El retorno de las riot-grrl que quizás nunca se fueron.

   
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