Ir A Todos Los DiscosIr a portada


Jacques - Roses For Ashes

JACQUES - ROSES FOR ASHES
(Acuarela Discos, 2003)

Tras la noticia acerca de la separación de Jack que hace unos meses llegaba a nuestros oídos, “Roses For Ashes” supone la confirmación de que, pese a ello, Anthony Reynolds no está dispuesto a detener, por el momento, su frenética y certera actividad al frente de Jacques.

Mientras que Reynolds concebía Jack como su proyecto junto a Matthew Scott, Jacques ha significado siempre una vía de escape para la que ha contado con colaboradores más o menos fijos como Richard Bell, Brian Mills (The Divine Comedy) o el propio Matthew Scott.

Para “Roses For Ashes”, además de volver a hacerse acompañar por ellos, destaca la colaboración de Midori, una oriental que aporta su voz en “Roses For Ashes” (donde recita un poema en japones del propio Reynolds) y “Butterbaby”.

Como siempre, las canciones de Jacques nos hablan acerca del amor y sus consecuencias, y aparecen vestidas con distintos mantos que, tan pronto nos presentan a un Reynolds tan solo arropado por su propia guitarra (“Silverblues”) como rodeado de un alarde de arreglos digno de los mismísimos The Divine Comedy (“Tuesday’s Child”, compuesta por Leonard D’Onofrio) o de ese cuidado electro-pop trágico, frío y decadente por el que el británico profesa tanto amor (“Banished By The Underground, Hunted By The Overground”, “Butterbaby”).

Tal y como nuestro hombre deja caer en una de sus canciones, "What the world needs now is love, sweet love". Teniendo en cuenta que esa es la temática principal de sus cuidadas composiciones, la aparición de un nuevo alias bajo el que cobijarse no puede demorarse demasiado.

Esperaremos con los brazos abiertos una nueva joyita de obligada presencia en las vitrinas de los mejores gourmets del pop como es “Roses For Ashes” y, por extensión, casi todo lo que surge de su pluma.

   

The Zephyrs - A Year To The Day

THE ZEPHYRS - A YEAR TO THE DAY
(Setanta - Acuarela Discos, 2003)

Tras un debut que pasó incomprensiblemente sin pena ni gloria, un segundo álbum con el que por fin lograron llamar la atención de prensa y público, principalmente gracias a la pegada de la turbadora “Stargazer”, y después de dejar patente que lo suyo no era flor de un día con el EP “The Love That Will Guide You Back Home”, los escoceses The Zephyrs vuelven a la carga con “A Year To The Day”.

A lo largo de diez composiciones, la remozada banda de los hermanos Nicol da un paso adelante en la evolución de su delicado sonido. En este progreso, y quizá buscando un resultado más íntimo y cercano al oyente que en su anterior LP, harmónicas, pedal steel guitars o trompetas comparten protagonismo con unos arreglos orquestales más diseminados de lo acostumbrado.

Gracias a esta búsqueda de la introspección, The Zephyrs acaban retozando en “A Year To The Day” en las apacibles tierras del folk y el country, eso sí, desde su particular prisma, y sin perder ni un ápice de su personalidad.

Desde la intro “Lacuna Head”, un instrumental totalmente ajeno al resto del disco alimentado por sucias guitarras deudoras de Mogwai, hasta el último tema del álbum, el tierno “Don’t Say Sorry”, los escoceses se muestran más incisivos que nunca a la hora de tocar la fibra sensible al valiente que ose adentrarse en el taciturno cosmos de sentimientos que es “A Year To The Day”.

Rodeados por tan selectas colaboraciones como la voz de Adele Bethel (Arab Strap) o los cameos de varios miembros de Mogwai, The Zephyrs entregan una obra redonda y homogénea – acechaba el fantasma de “Stargazer”– que esperemos coloque al grupo en el lugar que desde hace tiempo merecen.

   

Damien Rice - O

DAMIEN RICE - O
(Vector Recordings, 2003)

Si el concepto del hombre que mantenían los renacentistas siguiera vigente, anunciaríamos a Damien Rice como un artista polifacético más a la altura de los entonces Miguel Ángel o Rafael. Sin embargo, cuando el mundo ha variado tanto y el interés por la cultura tiende a desinflarse por momentos, de Damien Rice cabe creer que lo suyo se ha convertido hoy en un preciado don. Un don que cada vez menos personas poseen.

Este originario de Dublín es un verdadero artista que tan pronto se encarga de la composición de todos los temas, como toca casi todos los instrumentos (guitarras, bajos, pianos, clarinetes... son algunos de los que pasan por sus manos), o lleva a cabo las labores de producción, mezcla, o ilustración del artwork del disco a través de dibujos y fotografías que, claro está, realiza él mismo.

Su historia es, además, un tanto particular. Cuando, un buen día, conoció a David Arnold (autor junto a Björk del tema “Play Dead”, productor de Propellerheads o Garbage, arreglista junto a Cast, compositor de la banda sonora de la película de James Bond “El mañana nunca muere”...), Damien no podía imaginar lo que el destino le estaba preparando. David Arnold decidió comprar un estudio de grabación portátil y, con él, el irlandés tendría la libertad necesaria para registrar sus canciones en un ambiente totalmente peculiar.

Y ese contexto extraño fue ni más ni menos que un barco que se convertiría durante algún tiempo en su hogar y que valdría a este multiinstrumentista, un tiempo después, para concebir las canciones de su álbum de debut autoeditado, “O”. Y estas canciones son las que convierten al mencionado disco en un tratado de folk con multitud de precedentes, pero repleto de sensibilidad.

Su fascinante voz se recrea en paisajes oníricos y alcanza el clímax en la última canción del disco, “Eskimo”, una mágica ascensión sin límite que, culminada en una operística voz cruzada en el momento preciso, transporta al oyente a lugares que nunca antes pudo imaginar.

   

Ainara LeGardon - In The Mirror

AINARA LEGARDON - IN THE MIRROR
(Winslow Lab, 2003)

Rodeada de músicos de demostrada solvencia entre los que se cuentan Joe Skyward (Posies, Sunny Day Real Estate, The Walkabouts) al bajo, Carlos Torero (ex-Radio Futura) a la batería, y Hannot Mintegia, Gaizka Insunza y Ager Insunza (Audience, Young Talent Show) a las guitarras, piano, violín y steel guitar respectivamente.

Con Chris Eckman (The Walkabouts, Chris & Carla) como encargado de la acertada y delicada producción de un disco que visita parajes cercanos a los frecuentados por The Walkabouts.

Así es como Ainara LeGardon se desmarca de Onion, su proyecto de toda la vida, para afrontar una prometedora carrera en solitario que transita entre los márgenes delimitados por grandes damas del underground norteamericano como Thalia Zedek o Victoria Williams; es decir, el de la intensidad desde la intimidad más absoluta.

Con una duración de apenas treinta minutos, “In The Mirror” es una colección de composiciones unidas por un hilo argumental. En él se narra la dolorosa pérdida de una persona querida y su posterior búsqueda, inevitable pese a conocer lo traumático de la misma y su infructuoso resultado de antemano.

A lo largo de las diez composiciones, y desde el más puro y elegante intimismo, Ainara LeGardon estremece al oyente, lo introduce en el particular universo de “In The Mirror” y le hace desdeñar la más ínfima posibilidad de huida de, un disco, cuyo más remoto recoveco derrocha la más pura desolación.

Y es que cuando escuchamos palabras como “Te despediste, te echaste a la carretera. Agité mi mano para hacerte saber que estaba enamorada (Siempre lo estaré)” (“Dreaming ‘Bout You”), el vernos embriagados por una sensación ya conocida es irrefrenable.

La sorpresa más grata del año se adentra silenciosamente en nuestros corazones para, una vez dentro, alterar sus debilitados tabiques sin mostrar la más mínima compasión.

   

Strand - Paz

STRAND - PAZ
(Foehn, 2003)

Miguel Gil Tertre no se toma la electrónica como un juguete con el que pasar las tardes en su cálido e iluminado dormitorio. Ya en “Domestica_04”, su debut en formato largo firmado junto a Polaroïde, se reflejaba lo trasgresor y delicado de su proyecto, Strand. Con él trata de generar emociones en el oyente a través del amplísimo, a la par que frío, campo de la electrónica.

En “Paz”, su primer trabajo rubricado en solitario, Strand explora la unión de electrónica con instrumentos “tradicionales”. Así, nos encontramos con un álbum en el que la insinuación de paisajes contrapuestos, en algunas ocasiones hostiles y en otras sumidos en una relajante calma, lleva al espectador a considerar totalmente acertado el título del álbum – interpretándolo como una inevitable yuxtaposición de ambientes opuestos, en este caso guerra y paz.

Guerra que esta representada en el disco por algorítmicos ritmos que, siempre imprevisibles, deciden la dirección a tomar en el último instante, mientras que, en armonía con esa frialdad, aunque inconscientemente ajenos a ella, los instrumentos orgánicos se encargan de transmitir esa calidez, en ocasiones tan vilipendiada en la electrónica, achacable aquí a la paz.

Y todo ello buscando (y encontrando) siempre la melodía y terminando de vestir sus composiciones con voces que, en concordancia con el concepto del disco, en ocasiones suenan cercanas, en ocasiones distantes, en ocasiones amables, en ocasiones violentas (especialmente abrasivas en “Le Monde Dans Lequel Je Vis”, donde Arnaud Michniak se encarga de ellas).

Strand comparte su senda con los iluminados de la electrónica actual, los que conscientes del poder sugestivo de la música, se dedican a disparar emociones a quemarropa desde la constante experimentación.

¿Por qué elegir uno de los extremos cuando podemos quedarnos con la mezcla perfecta?

   

Ir A Todos Los DiscosIr a portada