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MONO
- ONE STEP MORE AND YOU DIE
(Naïve - Arena Rock, 2003)
Mono es la
ultima sensación exportada desde Japón y el amenazante
“One Step More And You Die” su segundo y más
reciente trabajo.
A lo largo
de sus cincuenta minutos, estos nipones certifican que el post-rock
no es un género exclusivamente occidental y construyen
un disco que mira sin ningún síntoma de vergüenza
a los que muchos consideran los padres del género, los
visionarios Slint.
Desde ese
punto de partida su música acaba aproximándose (peligrosamente)
a la de los primeros Mogwai, desatando de ese modo las primeras
preguntas: ¿Podría “Com(?)”, el extenso
segundo tema del disco, ser un descarte del contundente “Young
Team”, el álbum de debut de los escoceses? o ¿Estamos
ante unos hijos bastardos, amarillos y enfadados de Stuart Braithwaite?.
Pese a todo,
en un momento en el que el trabajo en estudio de Mogwai dista
mucho de los parajes frecuentados en sus inicios, Godspeed You
Black Emperor no parecen vivir su mejor momento y Explosions In
The Sky se vislumbran como únicos herederos del trono,
la irrupción de Mono parece oportuna y necesaria.
Mono conocen
los secretos del género, y “One Step More And You
Die” es todo un deslumbrante e inspirado ejercicio de estilo,
con tensas calmas, adrenalínicas explosiones de rabia,
gloriosa épica y repetitivos bucles de guitarra en espera
de una nueva detonación.
Quizá
se les pueda acusar de meros imitadores pero, pese a quien pese,
a un servidor, composiciones como la ya citada “Com(?)”,
la preciosa “A Speeding Car” o la épica “Halo”
le hacen vibrar en su asiento, le desatascan los oídos
y le endulzan el paladar con golosos decibelios.
Contundencia
desarmante elaborada por violentos ojos rasgados que no descubre
nada nuevo, pero sirve como alimento para los hambrientos buscadores
del rock más contundente y experimental.
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PIANO
MAGIC - THE TROUBLED SLEEP OF PIANO MAGIC
(Green Ufos, 2003)
Que
“The Troubled Sleep Of Piano Magic” no coja a nadie
por sorpresa. El anterior largo del grupo, “Writers Without
Homes”, no pasará a los anales de la historia como
su mejor trabajo, pero el reciente EP “Speed The Road, Rush
The Lights” había servido a la banda para reconciliarse
con su desperdigado público y, lo que es más importante,
para recobrar su confianza en si mismos.
Desde entonces,
Glen Johnson y sus secuaces se habían empleado en la preparación
de un interesante y apetecible 7” compartido con Klima,
el proyecto en solitario de la actual vocalista de Piano Magic,
Angèle David-Guillou, y la preparación del que iba
a convertirse en su sexto álbum de estudio.
Labor que
se vio culminada cuando, en la primavera del pasado año
2003, el grupo grabó las canciones que dan forma al disco
que nos ocupa. Composiciones marcadas por guitarras que tan pronto
transitan sobre pétalos de rosa como deciden tomar una
senda sembrada por candentes brasas, donde la electrónica
pasa fugazmente de ser una fiel aliada (especialmente en la magnífica
“Saint Marie”) a una simple desconocida y, principalmente,
en las que priman emociones entre lo onírico y lo real,
como en un sueño en el que los miembros del grupo se adentraran
de la mano inconscientemente.
Pesadillas
que una vez más se ven bañadas por la pesadumbre
de Glen Johnson, con sus temas preferidos como protagonistas de
un guión en el que nada es lo que parece. Como en la propia
portada del álbum donde, lo que en principio se presenta
como un simple mapa, acaba mutando en un tétrico e inesperado
cráneo.
Así
es como canciones como “Saint Marie”, “Help
Me Warm This Frozen Heat” o “The Tollbooth Martyrs”
se muestran cambiantes y tornadizas, escudadas en una cuidada
producción erigida sobre un nebuloso colchón volátil.
Nada
volverá a ser lo mismo en nuestro próximo viaje
al problemático sueño de Piano Magic, solo esa deliciosa
sensación de necesitar perderse para encontrarse. Esa que
te instiga a poner en marcha el reproductor una y otra vez. Welcome
back!
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KOESTER
- THE HIGH HIGHS THE LOW LOWS
(Moonpalace Records - Pitch-a-Tent, 2003)
Es curioso
como, discos que han pasado inadvertidos hasta la fecha, se incorporan
irremediablemente a nuestra vida con tan solo unas escuchas. Es
el caso de “The High Highs The Low Lows”, el segundo
disco de Koester, editado en el año 2002 y, por fin ahora,
bendecido con una distribución en nuestro país.
Con Steve
Koester al frente y, músicos como Al Weatherhead (Sparklehorse),
Tim Buckley, Miguel Urbiztondo y John Daniels (todos ellos miembros
de Maki) en la retaguardia, la banda factura un pop de múltiples
y variadas influencias.
De esta manera,
a lo largo de las diez composiciones del disco, nos encontramos
con momentos que recuerdan a unos Grandaddy menos pomposos o al
Mark Linkous menos jovial (“The Roman Coin”, “Vow”
o la hermosa “Flowering Judas”), auténticas
gemas de pop clásico (“One Day You Too Will Bleed”),
pespuntes de rock rural norteamericano (“Transistor Sister”)
e incluso canciones que, bien por el timbre de Steve Koester,
bien por los deliciosos arreglos que les dan forma, recuerdan
a los mismísimos Spiritualized (“The Blood Red Poppies”,
“Mrs. Saturday Night Special”, “Jesus Of The
Hammer”).
Pese a toda
esta amalgama de nombres y referencias, el disco, beneficiado
por una unificadora producción a cargo del propio Weatherhead,
acaba ostentando una línea conductora que dota a teclados
y sintetizadores de un especial protagonismo y repercute en una
satisfactoria y adictiva escucha del mismo que tiene a la extraordinaria
“Flowering Judas” como cumbre final.
Y es que,
si bien las canciones del disco podrían haber funcionado
perfectamente sin necesidad de una producción tan exquisita,
la inclusión de esta lo convierte en una continua sorpresa
de múltiples capas multicolores.
“The
High Highs The Low Lows” es como una mariposa. Mientras
todavía es un pequeño capullo, su existencia no
parece importar demasiado a nadie, sin embargo, si alguien se
digna a observarlo, podrá comprobar como, poco a poco,
casi inapreciablemente, va apareciendo algo insólito, montones
de colores inundarán sus pupilas y, posiblemente, lo cautivarán
para siempre.
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THE
APPLESEED CAST - TWO CONVERSATIONS
(Aloud Music Ltd - Gentlemen Records, 2003)
Hay algunos
hechos que no tienen explicación, que The Appleseed Cast,
una de las bandas puntales del emo norteamericano, sean todavía
poco más que unos simples desconocidos en nuestro país
es uno de ellos y esto debería hacer reflexionar a más
de una persona.
Sin embargo
no todo el mundo andaba despistado, después de que la banda
editara en cinco años otros tantos discos en el sello Deep
Elm (entre ellos un recopilatorio y los dos excitantes volúmenes
de “Low Level Owl”), Tiger Style Records decidió
apostar por ellos y unirlos a su suculento catálogo.
“Two
Conversations” es el resultado. Un trabajo en el que el
quinteto se muestra certero y tan asequible para el público
más mayoritario como excitante para sus seguidores más
exigentes.
Optando por
una manera de afrontar la composición una pizca menos derivativa,
dotando de protagonismo a todos y cada uno de los elementos de
su música y, derrochando una intensa emotividad a lo largo
de todos los rincones del disco, The Appleseed Cast siguen el
camino marcado en sus anteriores entregas y elaboran un discurso
que conserva la pegada de sus primeros pasos al mismo tiempo que
se deleita en la técnica cada día más depurada
sus miembros.
Las diez composiciones
de “Two Conversations” (más un bonus track
en la edición española) se sustentan sobre un portentoso
trabajo rítmico engalanado por unos acertados teclados
y unas guitarras cristalinas que saben a miel. Para colmo, Christopher
Crisci se muestra en estado de gracia y su voz suena cada vez
más limpia, menos chillona, ganando épica sin perder
ni un gramo de contundencia cuando es necesario.
La producción,
en esta ocasión a cargo de Ed Rose, da el do de pecho y
consigue un sonido nítido, que aporta a las canciones un
toque especial sin arrebatarles ni una chispa de su personalidad.
The
Appleseed Cast desembarcan en España clamando a gritos
por lo que hasta ahora, inexplicablemente se les ha negado. Sería
raro que no lo consiguieran.
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ODESSA
CHEN - ONE ROOM PALACE
(Moonpalace Records, 2003)
“One
Room Palace” es el debut largo de Odessa Chen, el proyecto
de una joven californiana que nos pone difícil la labor
de recabar algo de información sobre su proyecto. Unas
fotos en blanco y negro en las que se muestra dulce y tímida
parecen ser todas las pistas con las que está dispuesta
a ayudarnos a la hora de adentrarnos en su cautivador universo.
Este
factor, unido a la oscuridad de las melodías que pululan
por los ocho cortes de este disco, arroja un misticismo sobre
su propuesta que la hace todavía más atractiva a
los ojos del explorador accidental.
Y
es que, desde la inicial “For A Song”, la música
de Chen irradia una insólita mezcla de fuerza y apocamiento
que nos hace cuestionarnos si, esa jovencita cuyos limpios y ¿asiáticos?
rasgos visitan una y otra vez nuestras pupilas, es realmente capaz
de desatar semejante tormenta con el uso de poco más que
su propia voz.
La
sensación, ya desde las primeras notas de “One Room
Palace”, es la que podría generarnos un misterioso
animal hincando sus afiladas garras en nuestra espalda, en un
abrazo mortal, sin ni siquiera darnos tiempo para detectar su
inquietante presencia.
Arpegios
de guitarra que parecen espinas y, principalmente, una voz que
no es sino el grito desesperado y doliente de una persona que,
en el momento de despeñarse por un precipicio emocional,
sigue resuelta a aferrarse a su angustiosa pero estimada vida.
Pese
a que, los afortunados que han tenido la oportunidad de adentrarse
en “One Room Palace” comparan la propuesta de Odessa
Chen con la de Cat Power, nosotros la vemos más cerca de
las de Shannon Wright o Mirah, quizá por el desgarro emocional
que desprenden las tres propuestas o por lo letal de sus palabras:
“baby, you do it to yourself, tie yourself to the train
tracks, then scream to me for help” (“One Hit”).
Folk
intimista con el que tiritar encogido en tu colchón.
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