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THE
ALBUM LEAF - SEAL BEACH
(Acuarela Discos, 2003)
Para los despistados
que todavía no hayan accedido a la música de The
Album Leaf, decir que su nombre proviene de una pieza de Chopin
y que se trata del interesante proyecto en solitario de Jimmy
LaValle, uno de los miembros de los efímeros y ya extintos
Tristeza.
Bajo este
proyecto, LaValle ha entregado hasta el momento dos discos, el
primerizo “An Orchestrated Rise To Fall” y, ya en
el sello Tiger Style Records, el delicado “One Day I’ll
Be On Time”.
Ahora
llega a nuestros reproductores “Seal Beach”, un EP
editado por el sello Acuarela Discos que supone un interesante
obsequio mientras llega el momento a su tercer disco de estudio,
grabado en Islandia junto a los miembros de Sigur Ros y previsto
para el próximo mes de Junio.
“Seal
Beach” contiene cinco canciones que siguen la línea
que habitualmente caracteriza las canciones de The Album Leaf,
calmadas composiciones instrumentales en las que el propio Jimmy
LaValle suele ocuparse de todos los detalles. Desde la construcción,
a través de la electrónica, de una atmósfera
inicial que se alargará, a través de pequeñas
variaciones y ligeros cambios de ritmo, hasta la posterior introducción
de largos y entrelazados trazos a través de guitarras y
teclados.
Tan cerca
del slowcore como de la música ambiental, entre la tan
proclamada indietronica y el postrock, la música de The
Album Leaf podría encajar en un buen número de etiquetas
pero, a fin de cuentas, lo más fácil y representativo
es describirla como una música acogedora pero fría,
cercana a la sensación que podría evocarnos una
cómoda butaca de diseño futurista colocada en el
centro de una estancia rodeada de agua en lento y travieso movimiento.
Cinco
turbadoras fotografías animadas que recuerdan a Hood, Stereolab
o incluso a The Durruti Column. Preciosas, conmovedoras.
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RIDE
- OX4_ THE BEST OF RIDE
(Sinnamon Records, 2003)
A estas alturas
me es imposible afrontar la escucha de un recopilatorio de Ride
dejando a un lado mi posición de seguidor acérrimo
del grupo. Canciones como “Dreams Burn Down” o “Vapour
Trail” han echado el ancla en mi corazoncito y solo podría
olvidarlas deshaciéndome de una parte de él.
“OX4_
The Best Of Ride” es una compilación que no aporta
nada nuevo más allá de un interesante texto en el
libreto y la posibilidad de escuchar, una tras otra, algunas de
las mejores canciones del grupo, pese a ello, es una adquisición
más que recomendable tanto para los iniciados en la banda
de Oxford, como para las nuevas generaciones.
La carrera
de Bell, Gardener y compañía es una de esas historias
de lo que pudo ser y no fue, tras un comienzo fulgurante, con
varios singles increíbles (principalmente “Play”
y el homónimo “Ride”) y un disco, “Nowhere”,
capaz de hacerles pugnar por el trono del shoegazing con los mismísimos
My Bloody Valentine, Ride comenzaron a perder fuelle, inicialmente
con un leve titubeo, pero más tarde con una caída
en picado que les llevó a arrojar su carrera por la borda
con el insípido y olvidable “Tarantula”.
Prueba de
ello es la selección de canciones de “OX4_ The Best
Of Ride”, compuesta por seis temas publicados en el primer
año de carrera de Ride (tres extraídos de sus dos
primeros singles y otras tres de “Nowhere”), cuatro
de la época de “Going Blank Again”, otros tantos
de “Carnival Of Light” y tan solo uno, el testimonial
“Black Night Crash”, de “Tarantula”.
En
definitiva, para los que todavía no han tenido el gusto
de caer en las redes de estos británicos, la manera más
asequible de adentrarse en su universo y, para los discípulos
del grupo, una buena manera de dar un respiro a sus sobados discos.
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EXPLOSIONS
IN THE SKY - THE EARTH IS NOT A COLD DEAD PLACE
(Sinnamon Records, 2003)
El
discurso de Explosions In The Sky gana adeptos a pasos agigantados.
De ser un grupo minoritario, con tan solo un disco como equipaje,
el mesiánico y limitado “How Strange, Innocence”,
pasaron a convertirse en un secreto a voces con la publicación
del dramático “Those Who Tell The Truth Shall Die,
Those Who Tell The Truth Shall Live Forever”.
Ahora,
llega a nuestras manos “The Earth Is Not A Cold Dead Place”,
un álbum con el que, estos cuatro tejanos, de la mano del
cada día más interesante sello Bella Union (Sinnamon
Records en España), han asaltado el mercado europeo.
Aferrados
a los patrones del genero, pero con un identificable sonido propio
patente en sus tres discos, Explosions In The Sky prosiguen con
la labor de regenerar, desde su epicentro, un estilo que, para
una gran mayoría, había firmado su carta de defunción
hace años.
La
descriptiva música de Explosions In The Sky, acostumbra
a ilustrar situaciones extremas, normalmente al borde del colapso,
pero siempre desde el punto de vista de la ilusión humana
de salir de ellas. En “The Earth Is Not A Cold Dead Place”,
se muestran menos oscuros que en su predecesor, y abandonan la
temática de la guerra para pasar a relatar diversas historias
cargadas de esperanza, aunque no necesariamente provistas de un
desenlace feliz.
Aquí
no hablamos de un mero y manoseado dialogo entre tensión
y calma, sino de un sutil viaje por innumerables emociones ambientadas
en situaciones tan extremas como la tragedia del submarino Kursk
(“Six Days At The Bottom Of The Ocean”) o la salida
de un coma (“First Breath After Coma”), en definitiva,
narrativa sonora.
Sin
palabras, sin imágenes, pero capaces de arrancar, una vez
más, lagrimas o carcajadas del mismo modo que lo hacen
una película o un libro. Apabullantes.
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EARLY
DAY MINERS - THE SONOGRAPH EP
(Acuarela Discos, 2003)
Tras
convencer a propios y extraños en su visita del pasado
año a los escenarios españoles y mientras preparan
su cuarto disco, previsto para finales de año, Early Day
Miners editan, en exclusiva para Acuarela Discos, “The Sonograph
EP”.
Compuesto
por seis canciones en las que Daniel Burton y compañía
exploran la vertiente más plácida y sosegada del
grupo, “The Sonograph EP” supone un cálido
muestrario de la música de Early Day Miners, que solo olvida
el lado más contundente y emotivo del grupo.
El
EP se abre con “Albatros”, una composición
de reposado folk en la que Burton, acompañado de piano
y harmónica, se muestra más inspirado que nunca
en el dominio de su titilante y sensible voz.
Más
anestesiados todavía pero, casi sin variar el tempo, Early
Day Miners se adentran en “Perish Room”, una nana
confeccionada con tarareos que parecen susurros, guitarras acariciadas
y una percusión capaz de detener un metrónomo.
Rory
Leitch parece recobrar el pulso en “Bijou” y teje
una elaborada base rítmica cargada de detalles para que
sus compañeros se concentren en capturar imágenes
con sus instrumentos, como ya lo hicieran en las canciones del
también instrumental “Stateless”.
Le
siguen “Bedroom, Houston” y “Mosaic II”,
la primera, una de las especialidades de Early Day Miners, llantos
calmado de imaginería desértica que se ahogan en
su propia tristeza y, la segunda, un instrumental grabado en la
oscuridad veraniega como delicada despedida del día, en
la que los grillos tratan de imponerse a una sigilosa guitarra.
Finalmente,
“Misrach” supone un experimento instrumental en el
que, ruido controlado y slowcore, se dan la mano para generar
una placentera atmósfera que sirve como perfecto punto
y aparte hasta la nueva entrega en formato largo de los de Bloomington.
Por si alguno no puede esperar hasta entonces, un 7” en
el sello inglés Misplaced Music y un 12” bajo la
etiqueta What Else servirán como entremés hasta
su llegada.
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FOG
– ETHER TEETH
(Ninja Tune, 2003)
Tras
el sugerente alias de Fog se oculta Andrew Broder, un multiinstrumentista
amante de la manipulación sonora que, además de
un excéntrico aura, tiene en su haber la edición
de dos álbumes en el prestigioso sello Ninja Tune.
Ya
en su debut homónimo, Broder llamó la atención
de propios y extraños con un cancionero heterogéneo
y quizá demasiado disperso en el que la revoltosa “Pneumonia”
se erigía como principal protagonista pero, es con “Ether
Teeth”, cuando realmente ha hecho meritos para pugnar por
el calificativo de “genio de Minneapolis”.
Dejando
en un segundo plano sus deudas con la electrónica y el
hip-hop, Broder entrega con “Ether Teeth” un mundo
paralelo, delirante, plagado de emociones, perfecto para evadirnos,
arrinconar nuestras preocupaciones y materializar nuestros sueños.
Como
un hormiguero sumido en su constante y caótica metamorfosis,
la música de Fog es un hervidero de sensaciones que, tan
pronto hipnotiza desde la repetición de las dos notas de
un piano, como sobresalta con una desequilibrada e infantil melodía
digna del propio Daniel Johnston.
Valiéndose
de cualquier sonido a su alcance (a lo largo del disco se escuchan
por ejemplo el glorioso piar de un pájaro, el salivar de
su compañera sentimental o el titubeo de un niño)
y mezclándolo con el instrumento que se le ponga a tiro
y una electrónica respetuosa que embellece pero no exige
protagonismo, Andrew Broder manufactura (por que lo suyo es un
trabajo manual) auténticas obras de orfebrería,
excéntricas y personales, en las que melodía y detalles
comparten protagonismo.
Si
la personalidad de Matt Elliott fuese jovial y optimista su discurso
no andaría demasiado lejano de lo expuesto en “Ether
Teeth”, o lo que es lo mismo, de un caleidoscopio chocando
contra el suelo y liberando millones de cristales para delirio
de nuestros ojos.
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