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Tristeza - Mania Phase
TRISTEZA - MANIA PHASE
(Gravity Records, 2002)

El quinteto Tristeza regaló, hace alrededor de un año, a Gravity Records este EP de seis canciones del que no podemos dejar de hablar.

Los de San Diego comienzan muy tenuemente, con una breve introducción de escasos minuto y medio, para comenzar el viaje fulgurante y lumínico que supone “Stop Grass”. Entre baterías aparentemente desacompasadas y guitarras espeluznantes, Tristeza incluyen todo tipo de sonidos para evocar paisajes desconocidos y sugestivos, tanto como ellos. Arrolladores.

Cuarenta y nueve segundos más de calma, y vuelta a la intensidad de la dulce “Panic Power” y a la tranquilidad, finita, de “The Magic Hour” que, valga la redundancia, resulta mágica desde el primer momento. El sonido angelical del comienzo de este tema, a pesar de sus dos minutos escasos de duración, hacen verla como algo más que un mero puente entre dos canciones, para convertirse en un capítulo precioso de este libro de cuentos.

Pero hay que decir que Tristeza son capaces de moverse por diversos derroteros como demuestra la última canción del EP, que otorga a su conjunto una ajustada dosis de elegancia en una explosión jazzística que se alarga de manera muy afortunada, hasta los casi ocho minutos. Fantástica.

El disco lo produce, además, uno de los miembros oficiales de The Black Heart Procesión y Ugly Casanova, Pall Jenkins, quien ya ha realizado semejante labor junto a otro gran grupo de sonido lo-fi como es Maquiladora.

Tristeza no son unos novatos, y en “Mania Phase EP” se embarcan en una nueva aventura para demostrar, una vez más, por qué son una de las más importantes y atractivas bandas del circuito musical norteamericano.

   

Maine -  A Moment Before
MAINE - A MOMENT BEFORE
(Tralla Records, 2003)

Tres años después de la publicación del álbum de debut de Maine, el sorprendente “Motor Home”, y tras haber pasado por un bache de un año en el que el grupo no tocó, la banda granadina contraataca con la edición de “A Moment Before”, el disco que supone su confirmación en el panorama nacional y en el que han conseguido plasmar las altas cotas a las que les ha llevado su evolución.

Desde un principio Maine siempre han estado cercanos a ese hardcore emocional, denominado por muchos emocore, que tiene como principal planteamiento el transmitir sentimientos, en su caso un grito desgarrado de rabia hacia el que tenga los oídos abiertos. Y con “A Moment Before” demuestran que no ha cambiado esa concepción tan sentimental de la música, sin embargo, han mutado otras cosas en la banda, en primer lugar el crecimiento como músicos de los miembros del quinteto, lo cual les dota de una paleta más amplia en la que basarse a la hora de afrontar sus composiciones, y, en segundo lugar un mejor conocimiento de recursos tan importantes en su estilo como el silencio o el juego calma - tensión – calma.

En “A Moment Before”, un álbum concebido como tal, en el que todas las canciones están dotadas de una gran importancia y en el que ninguna de ellas resalta sobre el resto, destaca sobre todo el cuidado que, durante la grabación en los estudios Pig de Granada, el grupo ha puesto en la búsqueda de un sonido potente, en el que todos y cada uno de los instrumentos gozan de un merecido protagonismo.

Maine, con su segundo disco, nos ponen la piel de gallina, demuestran su momento de madurez y se unen al cada día más nutrido número de bandas que demuestran el buen momento de salud que vive el hardcore patrio.

   

Sr. Chinarro - El Ventrílocuo de Sí Mismo
SR. CHINARRO - EL VENTRÍLOCUO DE SÍ MISMO
(Acuarela Discos, 2003)

Una nueva entrega de Sr. Chinarro, el proyecto tras el que se parapeta el inimitable Antonio Luque, de nuevo publicada en el sello Acuarela (al igual que toda su discografía), y, como siempre, bajo un original y surrealista nombre, en este caso “El Ventrílocuo de Sí Mismo”.

Parece mentira, pero la andadura de Sr. Chinarro dura casi ya diez años. En este tiempo, el artista ha llevado una prolífica actividad, mayor si cabe en los últimos años, en la que ha suministrado a sus seguidores sus oscuras y personales canciones en siete discos, seis EPs, un recopilatorio y múltiples apariciones en distintas compilaciones.

A estas alturas es difícil que alguien descubra la particular lírica y el sombrío pop de este artista, amado y odiado a partes iguales, pero nunca ignorado. Sin embargo, “El Ventrílocuo de Sí Mismo” es una buena manera de adentrarse en la discografía de este artista. En él vuelve a envolver las canciones con los componentes habituales, recreando su particular universo y dotándolas de un sonido quizá menos “distante” que en anteriores ocasiones (el cual llega a recordar al pop de los venerados Smiths), entregando un disco perfecto para los no iniciados.

El sevillano vuelve a reírse de todo y de todos y acierta por enésima vez en el blanco, con un álbum sumergido en su surrealista universo, en el que en esta ocasión conviven “Panes Volcánicos”, “Vinos Satánicos”, “Tontos Con Lápiz“ y “Salmonetes”. Por si no tuviéramos suficiente con la recreación de este personalísimo cosmos, Luque se muestra especialmente iluminado en “Los Carteles”, el mejor tema del disco y lo más cercano a un hit que este artista va a entregarnos. Si las radiofórmulas estuvieran echas de temas como éste...

Decir que Luque vuelve a hacer prácticamente todo en el disco (bajos, guitarras, teclados, violín, voz...) y, que Sr. Chinarro es ya, para el que suscribe, un verdadero grupo de culto.

   

W.I.T. - Whatever It Takes

W.I.T. - WHATEVER IT TAKES
(Mogul Electro, 2003)

Whatever It Takes (W.I.T.) son modernas. Infinitamente modernas. Visten de Versace y Alexander McQueen, protagonizan páginas en las revistas más cool del momento (I+D, Attitude, The Face, Billboard...), incluyen canciones en bandas sonoras (“Inside Out”, en la película “Party Monster”)... y se encuadran en la más célebre etiqueta musical de nuestros días: el electroclash. ¿Qué más se les puede pedir?

Que canten bien, vale... Pero es que W.I.T. son perversamente sensuales. Y también salvajes, y descaradas, y guarras... ¡muy guarras! Y con eso nos vale. Porque cuentan con estupendos hits y rompepistas, como “Ooh I Like It”, “I Surrender”, “Hold Me, Touch Me”... que las sitúan a la misma altura que las alemanas Chicks On Speed, con las que comparten actitud y estilo... ¡y de qué manera!

Su álbum de debut, al igual que el anterior single “Hold Me, Touch Me”, ha sido editado por Larry Tee, capo de Mogul Electro Records, quien se ha convertido desde el principio en su descubridor y mentor. Y él ha sido el culpable de encumbrarlas, claro, en el Electroclash Festival de Nueva York del año 2001, y la posterior gira por Norteamérica, junto a Chicks On Speed, Peaches y Tracy + The Plastics.

Pero volviendo al disco que, al fin y al cabo, es lo que nos ocupa, “Whatever It Takes” es una colección de electrónica bañada en pop y chispazos punk. En ocasiones, la mezcla les lleva a construir temas aparentemente dulces (es el caso de “Inside Out” o la preciosa versión del “Just What I Needed” de los Cars), pero otras veces se decantan por las melodías rabiosas, que son su especialidad. “It Kills” hereda la violencia glamourosa de Kathleen Hannah y sus Le Tigre, mientras “Playboy” es puro erotismo y “I Surrender”, la mejor del disco, un fantástico himno con cierto regusto retro.

Y ahora sólo me queda disfrutar de Melissa Burns, Christine Doza y Mandy Coon en directo... ¡vaya! ¿Que van al Primavera Sound? Pues allí estaré.

   

Blue Bob - Blue Bob

BLUE BOB - BLUE BOB
(Solitude, 2003)

Por si alguien no lo sabe, David Lynch es uno de los realizadores más admirados del panorama cinematográfico internacional. Largometrajes firmados por él, como “Cabeza Borradora”, “El Hombre Elefante” o “Una Historia Verdadera” estan considerados por una inmensa minoría auténticas obras de arte. A lo largo de su filmografía, siempre perpetrada desde el lado más experimental, Lynch ha considerado la música como un elemento de vital importancia para el funcionamiento de sus films.

Hasta el momento sus incursiones en el terreno de la música se habían limitado a colaboraciones con Angelo Badalamenti (y en consecuencia con Julee Cruise) con el objetivo de dotar a sus películas y series de televisión de una banda sonora.

Normalmente los genios no pueden limitarse a trabajar en un solo terreno y, dado que Lynch es uno de ellos, se ha embarcado en Blue Bob, un proyecto musical junto al instrumentista John Neff. En él, se encarga de las percusiones y guitarras, además de componer sus perturbadas letras, dejando para John Neff el resto de labores, incluida la de cantar (o más bien recitar).

Para definir la música de “Blue Bob” de algún modo, diríamos que está muy próxima a las claustrofóbicas y oscuras atmósferas sugeridas por la banda sonora de “Mullholland Drive”, su film más reciente, y se aproxima al sonido de músicos como Tom Waits o el recientemente fallecido John Lee Hooker.

El don del siempre inquieto David Lynch es el de recrear atmósferas desde la experimentación, lo hace en sus películas y lo ha hecho con este disco. Después de escuchar el debut homónimo de Blue Bob solo me queda una duda, ¿Prefiero las películas o los discos de Lynch...?

   
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